Nuestra influencia como madres inicia desde la fecundación.

Como explica el biólogo celular y doctor en medicina Bruce H. Lipton, “La madre no sólo proporciona nutrición al feto; las complejas sustancias químicas derivadas de las señales emocionales de la madre, las hormonas y los factores estresantes, también atraviesan la barrera placentaria e influyen sobre el desarrollo de la fisiología fetal. Cuando la madre está feliz, también lo está el feto. Cuando la madre tiene miedo, también lo tiene el feto. Cuando la madre alberga pensamientos de rechazo con respecto al feto, el sistema nervioso fetal graba la programación de rechazo”.

Nuestra culpabilidad como padres está relacionada directamente con la acusación que realizamos, consciente o inconscientemente como hijos. Por tanto, para trascender el rol de padres, primero tenemos que trascender el rol de hijos, comprendiendo que nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron y supieron en cada momento.

Si algo compartimos con nuestros padres, es que ellos también han sido hijos y han aprendido en base a su ambiente emocional de la infancia. La información que recibimos de ellos, será la que nos guíe, en forma de creencias, en nuestro desarrollo como hombre o mujer. Por eso la respuesta a la pregunta ¿Qué le sucedía a mamá cuando estaba embarazada de mi? Puede dar respuestas a cuestiones de nuestra propia vida. 

La conexión entre generaciones de una misma familia nos muestra hasta qué punto estamos unidos con nuestro clan, con sus dones y sus dificultades. Si, como nos dice la epigenética, los padecimientos de nuestros abuelos pueden afectar a la manera de reaccionar de nuestro cuerpo, significa que las memorias siguen vivas a través de nuestras células.

La esencia de la Bioneuroemoción es pasar de una conciencia dual a una conciencia de unidad. Si vivimos en conciencia de unidad sabemos que la causa de lo que nos sucede subyace en nosotros mismos. La imagen de una mujer embarazada que lleva a su hijo o hija en el vientre es la imagen más clara de cómo podemos llegar a estar unidos, de cómo lo que afecta a unos afecta necesariamente a otros. 

Hay una relación muy estrecha entre la futura mamá que seremos y la niña que fuimos. Dar lo que no obtuvimos de mamá y/o papá durante nuestra infancia, sin caer en excesos, requiere dejar de mirar a mamá desde el punto de vista de aquella niña que aún la necesita.

Debemos comprender que ella nos dio lo que supo y lo que pudo, de la misma manera que de su madre recibió lo que ésta pudo darle. Es una cadena, una relación transgeneracional que se va repitiendo como herencia de manera inconsciente, y está en nuestras manos cortarla, siendo conscientes de nuestra historia personal para recuperar la capacidad de darnos y de dar aquello que nos fue negado.

Vivir conscientemente el embarazo te conecta contigo misma, con tu historia, con tu mente, con tu cuerpo, con tu capacidad creativa y con tu fuerza interior. Es la clave para descubrir el potencial de esta experiencia en lugar de sufrirla, y para elegir a cada instante cómo quieres  vivirla. Nadie puede saber lo que te conviene mejor que tú misma.

«Cuando nace el bebé, la experiencia emocional materna conforma la mitad de la personalidad del individuo.”

Sue Gerhardt

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