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El perdón.

¿Recuerdas la última vez que alguien te lastimó profundamente? Sin importar nuestra edad, todos hemos experimentado el dolor de una ofensa y todos somos vulnerables a ser heridos o herir a los demás, esto es inevitable ya que es parte de ser humanos.

Pero hay momentos en la vida en que perdonar se convierte en un verdadero reto, parecería que es imposible y a pesar de que el tiempo pasa, el dolor que sentimos al recordar la ofensa sigue tan vivo como si fuera ayer.

¿Has escuchado la frase «El tiempo lo cura todo»? Tengo una mala noticia, no todo. En cuestiones del perdón, el tiempo no es la mejor medicina.

En este artículo, descubrirás la importancia de perdonar lo más pronto posible, pero sobre todo te daré 5 pasos para lograrlo.

Paso 1: Reconoce si tuviste parte activa en el conflicto.

Para que exista una situación donde sea necesario el perdón, se necesitan dos partes y es aquí donde reconocer en qué manera contribuimos para que el conflicto surgiera es importante.

Cuando nos ofendemos, tomamos una posición que la mayor parte del tiempo es la de víctima, y esta es suficiente para justificar nuestro rencor e «indicar» que tenemos razón.

Pero, ¿qué sucedería si tú no fueras del todo inocente? Me refiero a lograr mirar la situación desde afuera de manera objetiva, sin sentimientos ni juicios, lo que te permitirá ver la situación de manera imparcial.

Ponte en los zapatos del otro, desde ahí podrías entender más por qué se ha comportado de esa manera y qué pudo haberlo hecho reaccionar de esa manera.

El saber que todos en este mundo, de manera auténtica y por sobrevivencia, reaccionamos para evitar el dolor, puede ayudarnos a ver a nuestro «agresor» con compasión, especialmente si es una persona cercana. Desde la compasión y sabiendo esto, podemos darnos cuenta de que la persona no quería lastimarnos, sino evitar el dolor o sufrimiento que nosotros podríamos ocasionarle.

Lograr esto te regresa el control de tu vida y el poder de perdonar, no solo a esa persona que te lastimó, sino también a ti mismo, ya que asumir parte de la responsabilidad te quita de la posición de víctima que te deja a merced del rencor.

Paso 2: Que el sol no se ponga sobre tu enojo.

¿Recuerdas que te hablé del tiempo como un enemigo en las cuestiones del perdón?

El poder ir a dormir con una decisión tan importante como perdonar las ofensas del día nos ayudará a que estas no sean archivadas y asociadas de manera negativa. Nuestra mente, al ir a dormir, repasa todos los eventos y asocia emociones que después identificará como parte de su información con la que interpreta el mundo. Al dejar ir estos sentimientos de rencor, entrenamos a nuestra mente a perdonar y a dejar ir el enojo.

Recuerda que perdonar no significa que apruebas el comportamiento del otro o necesariamente olvidar lo que ha sucedido.

Perdonar es más un acto de amor propio que te libera del enojo y el dolor, con excelentes beneficios de despertar cada día sintiéndote ligero y liberado del rencor.

Paso 3: Si te dolió, de alguna manera hizo crecer.

Los momentos más dolorosos son aquellos que nos hacen crecer, trasmutar, evolucionar. No lo digo yo, lo dice todo nuestro entorno. Nada, absolutamente nada en este planeta, se convierte en majestuoso sin pasar por algún tipo de crisis.

El poder ver la gran oportunidad de crecimiento después del «incidente», a pesar del dolor, te dotará de gran potencia.

Puede ser difícil ver esto cuando la situación es muy fresca porque los sentimientos están a flor de piel, pero recuerda que el perdón es un proceso que tiene que ver contigo.

Pregúntate: ¿Puede ser que esto se dio por mi baja autoestima? ¿Qué pude aprender sobre mí mismo en esta situación? Puede ser que aprendiste a poner límites, a escuchar tus propias necesidades o simplemente aprendiste que no se trata de ellos, sino de cómo procesas tu propio enojo y dolor.

Recuerda, si te concentras en la persona que te lastimó, perpetuarás el dolor, el rencor, el resentimiento que te llevará a vivir en modalidad «víctima», donde pierdes tu poder de decisión.

Transforma en victoria esa situación, ese dolor, por ti y para ti.

Paso 4: Dejar pasar el tiempo (la excepción que hace la regla)

Imagino que cuando te hablé de la importancia de no dejar pasar tiempo, pensaste que era verdaderamente difícil, ¡lo sé! Te lo dice alguien que vivió con rencor por 20 años (es por eso que escribo ahora este artículo).

Hay diferentes razones por las cuales puedes sentir esto, puede ser que aún la herida esté muy fresca, has reprimido tus emociones o sientes que es algo imperdonable y es justo no perdonarlo jamás.

En el proceso del perdón se pueden vivir las 5 etapas de luto que Elisabeth Kubler-Ross describe así: negación, enojo, negación, depresión y aceptación. Según Kubler-Ross, estas etapas no se viven de manera lineal sino que, según las condiciones del individuo, se pueden presentar de manera desordenada, tendiendo a regresar a algunas e intercalándolas hasta culminar en la aceptación. Dar un espacio para procesar nuestros pensamientos y emociones es absolutamente normal, sobre todo después de vivir un gran dolor. Al mismo tiempo, es importante tener precaución de no quedarnos en una de las etapas.

El perdón es una decisión. Esta es la razón por la cual la voluntad para hacerlo es necesaria, así como llevar a cabo un proceso que nos lleve a manejar nuestras emociones, que pueden incluir:

Una vez que aceptas lo que sucedió y por qué reaccionaste de la manera en que lo hiciste, puede ser el momento de seguir adelante. Antes de eso, sin embargo, necesitas aceptar la realidad de la situación y cómo te afectó.

Perdonar no sígnica olvidar , sino recordar sin dolor.

 Paolo Coelho

Paso 5: El perdón no es un favor que le haces al otro, es un regalo que te haces a ti.

Recuerda que el perdón es un beneficio personal; muchas veces las personas a las que perdonas ni siquiera saben que te ofendieron tan profundamente.

Enfócate en tu crecimiento, tomando el aprendizaje de la experiencia y desde ahí estarás listo para soltar el resentimiento.

La persona que te lastimó puede que en algún momento se arrepienta o no, pero en este momento ya no importa porque has procesado todos los pensamientos y emociones. Mantener el rencor solo hace el dolor crónico.

El rencor requiere gran energía y tiempo para sobrevivir. Cuando nos liberamos de él, parece que nos han quitado un peso de encima y la libertad regresa a nuestras vidas.

Conclusiones: El rencor es un ancla que contamina nuestro presente, pudriendo nuestro aquí y ahora, reviviendo un dolor que ya pasó e impidiéndonos vivir nuestro vida hoy. Nos impide avanzar, ya que tenemos nuestra energía en el dolor pasado. Se necesita tiempo para procesarlo, no es instantáneo. El reconocer y sentir profundamente las emociones es necesario, y ceder ante la presión de perdonar puede llevarnos a reprimir emociones que son necesarias para llevarlo a cabo.

Puede ser que tengas parte de responsabilidad en la situación. La baja autoestima puede llevarte a no expresar tus necesidades, y puede ser necesario trabajar algunas convicciones limitantes.

El perdón es un regalo para ti, y debes hacerlo para ti, ya que el rencor es un veneno que nos tomamos creyendo que le hará efecto a la persona que nos ofendió.

Libérate del peso del pasado, déjalo atrás y ve todas las posibilidades que la vida te otorga para ser la mejor versión de ti.

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